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Tal como en una ocasión anterior, no estaba seguro si publicar o no lo que comentaré aquí. No es algo de gran importancia ni tiene mayor trascendencia. Es posible que muchos ya lo tengan claro, pero cada vez que vuelvo a escucharlo en alguna predicación, o verlo en una película o animación, me queda la impresión de que vale la pena hurgar un poquito. Anoche mismo vi una meditación por televisión —muy bonita, por lo demás— donde se desglosó la conocida historia de David y Goliat.

Entiendo que se quiera crear una imagen inspiradora para los niños. Comprendo que se busque exagerar, de alguna manera, la imagen de David como un niño pequeño y débil para quizá destacar aún más una pelea desigual. Sin embargo, ¿dónde en la Biblia encontramos esas características en relación con el joven David? Veamos entonces lo que sí sabemos:

—David era el menor de ocho hermanos varones (además de, aparentemente, dos hermanas).

—David no estaba enlistado como soldado. Considerando que la edad mínima para enlistarse rondaba los 20 años (según lo que encontramos en el libro de Números), David debía tener menos de 20.

—David era pastor de ovejas y mensajero. El estudio de la cultura de la época indica que quienes realizaban este oficio solían ser adolescentes de entre 15 y 19 años.

—En sus palabras David ya había matado, con sus propias manos, al menos un oso y un león.

Si bien no hay certeza absoluta, considerando que tres de los hermanos mayores estaban en el ejército y tenían más de 20 años, la brecha de edad con los demás (aunque no se sabe si los otros hermanos no estaban enlistados por otras razones), y las funciones del jóven David, se podría conjeturar que este tenía entre unos 16 y 17 años.

Ahora, en algunos videos animados previos a la batalla se muestra a David intentando usar la armadura de Saúl. Recordemos que Saúl, aparte de ser un hombre de guerra y seguramente fornido, era uno de los hombres más altos de Israel. En base a 1 Samuel, capítulos 9 y 10, sabemos que Saúl sobrepasaba a todos los hombres “de los hombros hacia arriba”. Entonces, considerando que la estatura promedio de los israelitas de la época fuera de 1.65 a 1.70 metros, es probable que Saúl midiera alrededor de 1.90 o aún más. Pues bien, no me cabe en la cabeza que Saúl le hubiera ofrecido semejante armadura a un muchacho pequeño y débil, y menos aún a un niño. La evidencia está en que David se la puso e intentó usarla. Algunos aseguran que la armadura le quedaba grande a David. Sin embargo, las Escrituras solo indican que no le acomodaba porque no estaba acostumbrado. En 1 Samuel 17:39 se relata que “David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero no pudo porque no estaba acostumbrado. —No puedo andar con todo esto —le dijo a Saúl—; no estoy entrenado para ello”. En otras palabras, el problema no era el tamaño, sino la falta de experiencia en su uso.

Luego, alguien podría argumentar que un joven de 16 o 17 años no tendría la contextura física de un adulto. De paso, ¿Alguien se ha percatado de que el famoso basquetbolista Shaquille O’Neal medía 2.08 metros a los 16 años? Interesante, como ejemplo… pero aún dejando esas comparaciones de lado, podemos señalar que, a esa corta edad, David ya había enfrentado leones y osos que merodeaban sus rebaños. Según 1 Samuel 17:34, cuando alguno de estos animales atacaba a una de sus ovejas, David relata que “iba detrás de él y se la quitaba del hocico; y si se volvía para atacarme, lo agarraba por la quijada y le daba de golpes hasta matarlo”. Sin duda, el Señor estaba con él y lo guiaba hacia la misión para la que había sido ungido. No obstante, David muy probablemente no era un muchacho débil ni de complexión pequeña o enclenque, y más bien podríamos concluir que David tenía una contextura, al menos, bastante similar a la del rey Saúl.

En realidad, el relato de la pelea entre David y Goliat es fundamentalmente una historia de fe: de confianza plena y absoluta en Dios. El escritor del libro de Samuel no pretende destacar el enfrentamiento entre un gigante y un enano. El relato bíblico subraya, más bien, la diferencia entre confiar en el poder humano o en el poder divino; entre confiar en espada, lanza y jabalina, o en el nombre de Jehová de los Ejércitos. Es la historia de un joven que tomó muy a pecho las palabras de un matón que, solo por ser bastante grandote, osó insultar al Dios Todopoderoso y decidió que había que actuar.

En fin, puede que, a veces, tendamos a modificar detalles o acontecimientos para subrayar uno u otro punto de vista. Sin embargo, no necesitamos hacerlo: las evidencias hablan por sí mismas.

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